lunes, 30 de agosto de 2010

Aguafuerte

Por Constanza Cardin Quiroga
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010


La facultad de Periodismo y Comunicación Social de la ciudad de La Plata es una de las más prestigiosas del país. A ella concurren alumnos de variadas procedencias. Al nuclearse todos entre las mismas paredes suele suceder una muy cómica transculturación.Esta carrera propone y a la vez forma a sus estudiantes para ser, en un futuro, comunicadores sociales. Pero uno de los principales dilemas para estos sería hacerse de un vocabulario único que les permita expresarse correctamente en todo tipo de ámbitos.Una de las discusiones comunes son los términos que se usan para denominar determinados objetos y su transformación según el lugar donde se utilice. Los platenses llaman paty a las hamburguesas y cuestionan a sus compañeros del interior por llamar calorada a los calefactores.Usar el artículo la antes del nombre propio es uno de los principales errores castigado con la burla. Sin embargo, en la provincia de La Pampa sería agregarle un toque de cariño al nombrar a una persona.Ese intercambio de denominaciones fue creando un ambiente en el cual los estudiantes se dividen en dos grupos. Por un lado, los platenses y, por otro, los del interior. Aunque a esta regla se le pueden escapar excepciones, el común denominador de los estudiantes la respeta y la legitima.Sin dudar se podría decir que ambos grupos, una vez terminada la formación académica, van a adquirir un vocabulario si puede llamarse uniforme.

El arquetipo de la pareja romántica

Por María Victoria Briccola
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010


Para la mayoría de la sociedad sería fácil identificar o bien señalar con el dedo al modelo de pareja de novios enamorada. Pareciera como si caminasen dejando pétalos de rosa a modo de camino olfativo. Está socialmente comprobado que aquellas personas que aún no han encontrado a su “media naranja”, encuentran a este modelo completamente insoportable, hasta repugnante. No solamente ellos, también quienes tratan de conllevar hábitos distintos al resto, escaparse un rato hasta la avenida de la originalidad.
Ahí van los dos tortolitos tomados de la mano. Cantan canciones a una voz, resaltando en tono mas elevado partes como - ¡te amo, te amo, te amo! Se miran a los ojos y sonríen, no se dicen nada pero se regalan pequeñas muecas de alegría. A la hora e despedirse lo viven como el peor tormento, como si a la media hora no volviesen a verse o hablar larguísimas horas por teléfono. El beso más extenso, el abrazo más fuerte, hacen puchero con la boca y se alejan. Se siguen tirando besos y se alejan.
Las tardes de lluvia están reservadas para ver películas y comer chocolate en el sillón del living de casa. Se regalan cajas de bombones, flores, peluches y cartitas para los “cumplemes” y se suelen llamar “casados”.
Las discusiones entre ambos parecen quitarles el ánimo para seguir con la rutina, nada parece tener sentido. Luego se reconcilian y vuelven a dirigirse la palabra.
Tienen un único tema de conversación lo que provoca el “revoleo de ojos” instantáneo de sus amigos. Ellos no caminan, parecen flotar. Ellos no viven en la realidad actual, están en una burbuja aparte con flores y estrellas fugaces.
Algunos dirán que viven enceguecidos y ajenos a todo lo demás, ellos les responderán: - ¡estamos enamorados!

El escritor comprometido y el barro

Por Ana Jouli
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010

En griego, la palabra poética significa Acción. Este sencillo dato estimológico sirve para introducir una característica fundamental de los escritores comprometidos con la realidad social: la capacidad de sacarse los zapatos lustrados de la elite intelectual para animarse a hundir los pies en el barro el conflicto, de las luchas por el pan, sí, pero también por el nombre, la identidad que la obra de arte debe plasmar y construir ética y estéticamente.
Los argentinos tenemos ejemplos de experiencias valiosas en el campo de la escritura comprometida, especialmente en el caso de creadores que cambiaron su búsqueda artística con la militancia política por la justicia social para su pueblo, al que las élites literarias han sabido mirar despectivamente, con el desasosiego de no ver en esas muchedumbres las vestimentas y los modelos afectados de los europeos (rasgos que, luego de que la segunda guerra mundial traspasara la hegemonía económica y cultural a Estados Unidos, se convirtieron en glamour hollywoodense y fascinación por la tecnología).
La caracterización del escritor comprometido no puede eludir la inclinación práctica y social de sus experimentos estéticos, como bien muestran aquellos casos de literatos que exponían en sus obras fieles retratos del campo o la ciudad argentinos, pero se quedaban a medio camino, pues sus aportes al realismo no se traducían en una lucha por las reivindicaciones populares que corregirían las miserias descriptas con tanta precisión de adjetivos y verbos “criollos”.
Entre los ejemplos a los que aludí anteriormente se encuentran hombres que llevaron a la tinta la voz del pueblo oprimido por la última dictadura militar; ellos fueron Francisco “Paco” Urondo, Haroldo Conti y Rodolfo Walsh. Ellos supieron hablar de la gente en las cales y lo hicieron desde las calles. Fue así como también, por hablar de los fusiles que apuntaban a los trabajadores en lucha, murieron acribillados o desaparecidos. No es que el compromiso implique la entrega a las fauces de la muerte, pero sucede que ciertas coyunturas políticas exigen una fuerza de espíritu que pocos alcanzan.
Un escritor que pretenda una creación sincera y transformadora no podrá subirse al escritorio cuando el barro de la historia entre violentamente en su despacho. No, deberá hacer como hacen y han hecho los artistas que oyen a la gente y no se tapan la nariz cuando el olor de la injusticia seca la tinta de sus hojas. El escritor comprometido halla su fuerza creadora en la Poética de la Acción y se para en medio de la muchedumbre para traducir sus gritos en bellos cantos de lucha.

Un caso muy particular

Por Valeria Ilardo
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010

La tarea de un policía es muy complicada. Debe enfrentarse con casos muy diversos entre sí, aceptar las críticas y órdenes de sus superiores, atravesar situaciones peligrosas.
El caso de la desaparición del cuerpo de Eva Perón era un tema serio, implicaba mucha responsabilidad para mí. Entender el porqué, evaluando todas las pistas que me permitan resolverlo se había convertido en un desafío personal.
Los indicios que tuve en un principio eran confusos y no me llevaron a ningún lugar seguro. De a poco logré conseguir contactos confiables que me ayudaron a seguir el camino correcto para hallarlo.
Mi trabajo implicaba viajar de un lugar a otro. Por fuentes certeras descubrí que quien lo había robado era un hombre que se hacía llamar coronel. Estaba al tanto que lo estaba buscando. Por esa razón no se quedaba en un mismo lugar por mucho tiempo. El cuerpo de Eva viajaba con él.
Pasé horas sin dormir pensando, imaginando, recreando cada paso del coronel. Siempre estuve cerca de atraparlo, pero todas las veces fue así: cerca. Me sentía frustrado. Nunca había tenido un caso tan complicado e importante al ser la víctima una persona destacada, querida y odiada en partes iguales por tanta gente.
Una noche recibí un anónimo de alguien que confesaba ser partícipe de la desaparición del cuerpo. Estaba asustado. Sabía que estaba entrando en la Historia y por eso decidió dar ese paso tan definitivo. No le importaba morir por esa causa. De esa manera, cobarde, escondido en el anonimato, me indicaba el camino que debía seguir para resolver el caso finalmente.
Al principio dudé. Era extraño recibir tantos detalles del lugar donde estaba el cuerpo embalsamado. Finalmente me arriesgué y acudí al lugar indicado.
El sitio que señalaba el arrepentido estaba en el último piso de un edificio alto. Era un lugar silencioso, solitario y oscuro. Según mi informante allí estaba el coronel y sobre su armario el cuerpo de Eva cubierto con una lona.
En el ascensor imaginé la situación, pensé qué decir y responder. Evalué mis pasos y hasta memoricé una posible sentencia. Pero cuando encontré la oficina todos mis planes se convirtieron en fantasías de ensueño, la ansiedad rompió todos mis esquemas.
Entré abruptamente. Encontré un hombre dormido sobre un sillón. Podría decir que estaba borracho por el vaso de wisky volcado a un costado de la botella vacía. Concentré la mirada en el mueble que estaba en un rincón. Silenciosamente, me acerqué. Había un cajón con las descripciones detalladas en el anónimo. Logré acercarme pero temía que mis nervios arruinaran todo; me temblaban las piernas y las manos sudadas harían que cualquier objeto se resbale. Después de tanto tiempo estaba a punto de descubrir si ese cajón contenía lo que busqué tanto tiempo.

Un todo

Por Rocío Méndez
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010


Hace tiempo que la fiesta se está preparando; saca a relucir su mejor vestido. Metros y metros de luces y brillo, gigantes escenarios se extienden de un extremo a otro. La incertidumbre preocupa a todos los habitantes.
Durante días se festeja, pero hoy, veinticinco, es el día de mayor emoción donde los espectáculos son los principales protagonistas. Gritos, cantos, bailes están presentes en cada rincón de la ciudad.
Las ventanas vibran al compás de la música y el suelo parece moverse bajo tanto despliegue. Desde aquí, desde el final de la muchedumbre se puede observar todo; niños sonrientes corren por doquier, luces de neón que encandilan dejan al descubierto el fervor del público, la felicidad porque el país entero está unido en este festejo.
Al recorrer los puestos de comida, ya alejándose de un sector el espectáculo, se puede ver todo desde otra perspectiva; en algunos rincones los artesanos exponen sus obras y las venden a precios razonables. Con la excusa del bicentenario los vendedores ambulantes intentan que las personas no vuelquen sus puestos, es tanta la cantidad de visitantes que casi se hace imposible deambular.
Los sectores de comida rápida parecen no dar abasto. Cada colectividad demuestra sus mejores producciones y no hay quien se resista a probar aquellas delicias.
Hoy parece ser un día en que las diferencias sociales no existen. Todos están aquí: empresarios, trabajadores, vendedores, todos reunidos en un mismo lugar festejando los doscientos años de independencia.

Periodismo objetivo vs. periodismo comprometido

Por Bruno Breccia
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010

El periodismo en la Argentina de hoy circula sobre una dura disyuntiva influenciada por la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aprobada en 2009.
Existen dos caminos éticos claramente marcados en el espectro comunicacional, estar a favor o en contra de la ley. Cada elección personal - por el sí o por el no – caratula al periodista de oficialista u opositor al gobierno nacional.
Teniendo en cuenta la monopólica distribución de los medios en la Argentina, estar a favor de la nueva ley supone una especie de suicidio profesional: los programas que se emiten por los medios pertenecientes a los grupos hegemónicos no te contratan – salvo preciosas excepciones – y las chances de aparecer en TV, radio o publicar en la prensa escrita se reducen considerablemente.
Este problema no afecta sólo a los periodistas, incluye también actores, músicos o cualquier otro sujeto social que precise visibilidad en los medios para difundir su obra.
En cambio, los periodistas opositores a la ley y al gobierno no enfrentan problemas de propaganda, económicos y/o laborales, pero sí un debate ético. Esa pelea se basa en el dilema de ser comprometido, honesto y objetivo vs. mantener un estándar de vida cómodo, status en el establishment elitista y el discurso pedante, repetitivo y poco sesudo que escupe sobre la ley de medios y, en realidad, sobre toda propuesta que provenga de la Casa Rosada.
Para el experimentado periodista de Canal 7, Orlando Barone “los periodistas son como peces y existen dos tipos: aquellos que sobreviven en un mar revuelto con poco alimento y sufren una vida dura, y los otros que viven cómodamente en un acuario con buena alimentación pero sin libertad”. No existe mejor manera de explicar este conflicto que con esta frase esclarecedora.
Durante los últimos dos o tres años surgieron programas televisivos que se dedican a criticar, ya no en forma directa a políticos sino a otros programas periodísticos, intentando desenmascarar los intereses del medio, la falta de responsabilidad profesional y la mentira en su máxima expresión, utilizando archivos audiovisuales para sostener su posición.
Sin duda este tipo de programas –tal es el caso de 6, 7, 8 – le han servido a la sociedad para darse cuenta de con qué cuidado se debe procesar la información recibida, cuánto indagar en ella y saber quién está detrás de esa interpretación de la realidad.
Sin lugar a dudas, era necesario ya hace tiempo, que se ponga en el tapete el asunto mediático, la distribución del poder y el derecho a la información para lograr una mayor libertad de expresión, facilitar el acceso a los medios y así afianzar aún mas a nuestra democracia permitiendo que se escuchen mas voces y puntos de vista.
Bajo este conflicto e intereses se sitúa el periodismo de hoy en Argentina y también en otros lugares de Latinoamérica que fueron “contagiados” por la ley local, como es el caso del gobierno e Lula Da Silva, en Brasil, quien impulsa una norma muy similar a la argentina contra el monopolio mas grande de Sudamérica, la Red O Globo.

Emma Zums

Por Andrea Sayavedra
Taller de Comprensión y Producción de Textos II
Año 2010


Emma Salió corriendo desesperadamente del despacho de Arón Lowenthal. En su apresurada huída no vio que, escondido detrás de una escultura, se encontraba José Solís, empleado de confianza de Lowenthal.
La joven caminó hasta la ciudad donde tomó un taxi. Se sentía intranquila, cada minuto que pasaba era una tortura para ella. Comenzó a pensar que el revólver y sus huellas habían quedado junto al muerto. Que esas dos detonaciones, seguramente, fueron escuchadas por alguien que andaba cerca del lugar.
Llegó a su casa, abrió la puerta y el teléfono comenzó a sonar. Su corazón parecía que iba a detenerse. Sus manos temblorosas levantaron el tubo. Del otro lado de la línea un silencio sepulcral. Cortó y enloqueció en llanto y terror. A partir de allí supo que alguien conocía su verdad; ella era una asesina.
Solís, luego que Emma saliera corriendo del despacho de Lowenthal entró, tomó el arma con un pañuelo y le quitó todos los objetos de valor que el muerto tenía con él. Conocía bastante a Emma y se sentía feliz de tener este as en su manga, puesto que nunca le había caído bien la joven empleada. Detestaba su origen y religión, pero la deseaba de manera enfermiza.
Durante varias semanas la llamó y sobornó de todas las maneras posibles. La citó en una vieja plaza cercana. Cuando se encontraron, con la misma arma con que ella había matado a Lowenthal, le apuntó y la condujo a la parte más agreste del lugar.
Fue allí donde Solís abusó una y otra vez de Emma. Cuando la noche se aproximaba le hizo tomar un taxi hacia su casa. Al llegar Emma Zunz comenzó a prepara una vieja maleta que había pertenecido a su padre. Cargó todo en ella y envuelta en un llanto silencioso cerró con llaves la puerta principal.
Esa fue la última vez que puedo verse a la joven. Varios curiosos comentan haberla visto caminando por las calles de un pueblo lejano, abstraída o demente. Otros creen que su dolor fue tan grande que decidió reencontrarse con su padre.